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Calentar una habitación sin disparar la luz

No hace falta calentar los ciento veinte metros del piso para estar bien: haces vida en el salón, duermes en un dormitorio y pasas quince minutos en el baño. El resto del tiempo esas habitaciones están vacías y calentándose igual.

Esa es toda la idea de calentar por zonas, y es lo que más baja la factura en una casa con calefacción eléctrica. No es aguantar el frío: es dejar de pagar por habitaciones donde no hay nadie.

Con tres o cuatro cambios se nota en el recibo siguiente.

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Cerrar la puerta es media factura

Un aparato de 1.500 vatios calienta bien una habitación cerrada de quince metros. Con la puerta abierta al pasillo le estás pidiendo que caliente la casa, y eso no lo consigue: se queda al máximo todo el rato sin llegar nunca a la temperatura.

Es el cambio que menos cuesta y más se nota, y el que casi nadie hace.

🔥 Otras opciones que merecen la pena

El aparato, proporcionado a la habitación

Pequeño para el espacio, trabaja siempre al máximo y no llega. Demasiado grande, calienta de golpe, se para y arranca sin parar. Lo razonable es ajustar la potencia a los metros y a lo aislada que esté la estancia.

Para un baño, un aparato pequeño de calentamiento rápido; para un dormitorio, algo con termostato; para un salón donde pasas la tarde, algo con inercia.

Programar, no encender a mano

Encender al llegar a casa significa pagar el arranque a plena potencia justo cuando la habitación está más fría. Programar media hora antes, a potencia normal, cuesta menos y llegas a una casa templada.

Si el aparato no trae programador, un enchufe programable barato hace el mismo trabajo.

Dos grados menos, un jersey más

Cada grado de consigna se paga, y la diferencia entre veintiuno y diecinueve en una habitación no se nota tanto como suena, sobre todo con la puerta cerrada y sin corrientes.

En el dormitorio, además, se duerme mejor con la habitación más fresca: ahí el gasto es casi siempre innecesario.

Las corrientes se llevan el calor

Por debajo de una puerta, por una persiana mal cerrada, por el marco de una ventana antigua. Un burlete y un rollo de espuma cuestan poco y evitan que el aparato esté compensando toda la tarde una fuga de aire.

Cortinas gruesas por la noche también ayudan, sobre todo en habitaciones con ventanas grandes.

Cuándo la eléctrica ya no compensa

Si necesitas calentar varias habitaciones muchas horas al día durante todo el invierno, la calefacción eléctrica directa es cara por definición: cada vatio que pagas es un vatio de calor, ni uno más.

Ahí la cuenta que hay que hacer es con una bomba de calor, que entrega varias unidades de calor por cada una de electricidad. Para una habitación suelta unas horas, el aparato eléctrico sigue siendo lo más sensato.

Preguntas frecuentes

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¿Qué potencia necesito para una habitación?

Depende de los metros, de la altura y del aislamiento. Como referencia práctica, un dormitorio normal y cerrado se apaña con un aparato de en torno a mil vatios, y un salón grande pide más potencia o un aparato con inercia.

¿Es mejor un enchufe programable o encender a mano?

Programable, sin duda. Encender al llegar obliga al aparato a trabajar a plena potencia con la habitación fría. Programarlo media hora antes gasta menos y encuentras la casa templada.

¿De verdad se nota cerrar la puerta?

Mucho. Con la puerta abierta, el aparato está intentando calentar toda la casa y se queda al máximo sin alcanzar nunca la temperatura. Cerrada, llega a consigna y empieza a parar, que es cuando deja de consumir.

¿Compensa cambiar a bomba de calor?

Si calientas varias habitaciones muchas horas al día, sí: la bomba de calor entrega varias unidades de calor por cada unidad de electricidad. Para una habitación suelta y ratos cortos, la inversión tarda mucho más en devolverse.

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